7 de mayo de 2008

JUICIO ANTE LA ACTUALIDAD DE LA SITUACION NACIONAL Mayo de 2008

ANTE LA ACTUALIDAD DE LA SITUACION NACIONAL Mayo de 2008

HOY LO QUE ESTA EN RIESGO ES EL RECONOCIMIENTO DE LA LIBERTAD DE CADA
UNO Y DE LA DIGNIDAD DE LA SOCIEDAD CIVIL.

La consideración de la actual situación política nacional argentina, dominada estos días
por el escenario de conflicto planteado entre el gobierno y el sector de productores agropecuarios,
hace indispensable advertir sobre el verdadero riesgo al cual cada uno de nosotros y la sociedad
civil se enfrenta:
a) Hombres libres que exigen libertad.
Somos hombres y mujeres libres. Y esta libertad no es una dádiva o concesión del poder
estatal -ni del de turno ni de ningún otro, precedente o siguiente a éste-. La libertad es constitutiva
de cada persona y es por ello anterior a la propia conformación del Estado y no depende de éste.
Tiene su origen en la relación irreducible de cada uno con Dios, situación estructural e inconmovible
que otorga a cada persona su valor existencial único y sostiene contra cualquier embate la dignidad
del hombre concreto y de los pueblos.
Pero la libertad que nos constituye, además de ser conciencia de límite y
responsabilidad, quiere decir ímpetu creador, es decir, la energía y el valor de personas que ponen
en juego su creatividad y con ella llevan a cabo tanto emprendimientos económicos generadores de
riqueza -tal el caso de los productores agropecuarios- como iniciativas sociales, en un intento de
responder a las necesidades propias y de aquellos con los que viven. La libertad no es ausencia de
vínculos sino, por el contrario, capacidad de relación -de cada hombre y desde la identidad a la que
pertenece- con todos y con todo, también con el Estado.
Es aquí donde resulta necesario indicar al poder del Estado el horizonte último de su
actividad y expresar que es nuestro interés que ese rol sea cumplido de forma efectiva, ya que no es
otro que favorecer la libertad expresiva y asociativa, asegurando el espacio para que cada hombre
pueda recorrer su camino, afrontar sus problemas y buscar las respuestas que hagan más humana
y digna su vida. Un Estado que -de acuerdo al principio de subsidiariedad-, complete y apoye las
iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y eventualmente se ocupe de aquellas
cuestiones esenciales para la vida de la sociedad que el hombre con su creatividad no pueda
desarrollar. Esta es nuestra original y permanente exigencia de libertad y por ello el único modo de
que el poder estatal no se extralimite es la colaboradora vigilancia del pueblo.
b) Una política malvada: Cuando el ejercicio del poder del Estado no se interesa por el
hombre concreto.

El ejercicio del poder estatal por parte del actual gobierno nacional revela una ausencia
de interés real por el hombre concreto y sus iniciativas, ya que en sus acciones y omisiones
desconoce el valor inalienable que las personas tienen en sí mismas y la utilidad de sus esfuerzos,
pretendiendo convencer a todos de que la prosperidad del pueblo surge solamente desde los
poderes absolutos del estado.
Se declama desde sus atriles una libertad colectiva "para todo el pueblo", pero sin
asegurar sus beneficios para cada persona, en una evidente restricción de las libertades
individuales que va a contramano de las propias garantías establecidas por la Constitución
Nacional. La mayor tentación de quienes detentan el poder es hacer del pueblo un rebaño.
No se trata solo de una administración estatal que codicia los ingresos del sector
agroindustrial. Se trata de la propuesta del gobierno nacional acerca de cual será la futura forma de
vivir de los argentinos, con un poder cada vez más centralizado que no admite críticas y
acostumbra descalificar -en ocasiones hasta en grado de enemigo- a quienes manifiesten
desacuerdo con sus decisiones, la mayoría de las cuales han sido deliberadamente sustraídas del
esperable y sano debate parlamentario previo.
Grave omisión -de riesgo institucional para la vida del país- ha sido la de los legisladores
que delegaron sus poderes constitucionales para que el Poder Ejecutivo, sin consultar ni escuchar
a nadie, decidiera en soledad la imposición de medidas fiscales de avance peligrosamente
confiscatorio sobre la producción de bienes y servicios, la renta y el salario real.
Advertimos con preocupación que en el máximo nivel de la estructura de gobierno se
alientan políticas que pretenden -falsamente- colocar a la intervención estatal como factor
excluyente de generación de prosperidad y solución de necesidades a través del poder discrecional
de otorgamiento de subsidios, una especie de "estado fuerte y salvador" que, en los hechos,
evidencia un arbitrario menosprecio por el esfuerzo cotidiano de los verdaderos generadores de la
riqueza y bienestar del pueblo: los ciudadanos que trabajan, los empresarios que arriesgan su
patrimonio en un emprendimiento, aquellos particulares que ponen de pie una obra para atender
las carencias de otros.
Surgen del poder central signos cada vez más frecuentes de desconocimiento efectivo
del control de poderes republicano, como cuando se ignoran las decisiones de un Poder Judicial
libre e independiente que debe asumir con eficacia el carácter de guardián del estado de derecho.
Con ello se habilita y legitima un nefasto fetichismo que idealiza la concentración del poder como
medio para la eficacia en el gobierno, avanzando así caprichosa y temerariamente sobre la libertad
y el patrimonio de todos los argentinos trabajadores.
El poder estatal del gobierno nacional se manifiesta así como imposición de una
determinada política -en su contenido y forma- y no como servicio al pueblo y defensa de sus libres
iniciativas. Una política así, que además se sostiene en la constante y artificial división entre
amigos y enemigos propensa a la generación de odios y violencias, solo tiene como objetivo "tener
éxito" en la afirmación y conservación de su poder y es contraria al bien común. Es, por tanto, una
política malvada. Y esto es necesario afirmarlo ante todo para nosotros mismos, decírselo a
nuestros hijos y gritárselo a nuestros amigos, como nos lo ha advertido ya Luigi Giussani
("El yo, el poder, las obras", Ed. Encuentro, pág. 112).
Se trata en definitiva, de una concepción que pone en riesgo la libertad del hombre en
cuanto ímpetu creador y constructivo, a la vez que vehiculiza un severo ataque a la
institucionalidad de la República, habilitando inclusive la intervención de expresiones para-estatales
para sofocar eventuales manifestaciones de disenso. Así se establece y justifica la supremacía
sofocante del estado que destruye la trama social. Por esto la rechazamos.
c) El camino: Educar, educar, educar.
A la política no le pedimos la salvación. No es de ella de quien la esperamos, para
nosotros y para los demás.
"Estamos llamados a defender lo humano que hay tanto en nosotros como en nuestros
amigos, o en las personas más extrañas y lejanas. A esta tarea no nos llama una justicia
cualquiera, sino la Justicia, Dios hecho hombre: Cristo. Hay un factor pedagógico que desarrolla la
responsabilidad de esta tarea y le da consistencia y duración frente al poder: estar pegados a los
rostros que más nos provocan, es decir, a la compañía" (Luigi Giussani, Op. Cit. Pág 40).
La victoria del poder es aparente y efímera. Pero solo si no cedemos ante ella, haremos
que nuestra vida esté en función de lo verdadero y justo, aún a través de nuestros límites y
comenzando siempre de nuevo.
Solo personas educadas en la libertad pueden vencer el embate de una lógica de poder
que no tiene verdadero interés por el hombre. Esta es la tarea en la que nos acompañamos.-
Compañia de Las Obras (CdO)
A R G E N T I N A

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