5 de julio de 2011

PROXIMO ENCUENTRO CDO - JUEVES 07 DE JULIO

Amigos, Los invitamos a nuestro proximo encuentro de la CDO Area Empresas.

DIA :          JUEVES 07 DE JULIO DE 17.45 hs (Finalizando a las 19.30 /20.00 horas)
LUGAR :    SHOPPING PASEO ALCORTA - Salguero 3172 (y Av. Figueroa Alcorta - Palermo) ULTIMO PISO ZONA DEL MC CAFE

Del ultimo encuentro que tuvimos, donde hemos trabajado la pregunta: ¿Qué he descubierto en mí al sorprenderme en acción, en mi trabajo, en mi empresa? hemos rescatado los siguientes puntos

a) Hay una Dificultad a renovarse dentro de la rutina de cada día
    - Hemos buscado encontrar la novedad haciendo reuniones en el trabajo, pero no es esto.
    - Es necesario encontrar la novedad dentro de la rutina.
    - A partir del encuentro de la cdo puedo empezar renovado.

b) 
¿Como vivir la novedad que introduce Cristo en la realidad cuando la situación es difícil?
    - La Compañía nos ayuda a decir que no hay otra posibilidad
    - ¿Hay alguien donde apoyar el afecto?
    - Que las circunstancias  vayan bien o vayan no es la cosa mas importante sino la experiencia que uno hace dentro la circunstancia 

Para el proximo jueves, y considerando las proximas elecciones que se realizaran en capital federal, a partir de los textos adjuntos, vamos a trabajar los siguientes puntos:

- La política el arte y la religión son tres expresiones humanas: Para ser hombres no podemos no tenerla presente.
    
    ¿la fe tiene algo para decir sobre la política ?
    
    ¿Como nuestra experiencia de  la cdo puede volverse útil para el buen gobierno de la ciudad?
       ( "de la fe nace una ciudad justa mientras ,si se pierde el ideal ,el efecto es la no civilización" - Intiglietta miembro del consejo de Presidencia de CDO Italia).
    
    ¿Que nos interesa tener presente en la eleccion del candidato para la  ciudad? 
 

Dispuestos a dar razón de nuestra esperanza

Como sucede con cualquier otra circunstancia de la vida, las elecciones administrativas nos han

obligado a cada uno a tomar posición y a asumir nuestra responsabilidad. En esta ocasión ha sido

especialmente difícil ir más allá de las imágenes y lugares comunes alimentados por el mundo

político y la opinión dominante.

Desde el primer momento dijimos: somos cristianos, por tanto, más allá de cualquier cálculo

electoral y antes de saber cuál será el resultado final, queremos verificar si la fe tiene algo que

decir incluso en esta ocasión –en otras palabras, si tiene incidencia histórica– o si debe renunciar a

jugar este partido y resignarse al papel de "cortesana" de los que conquisten el poder o

"consoladora" de los derrotados.

Muchos han aceptado este desafío y se han lanzado a verificarlo concretamente, saliendo al

encuentro de la gente en los mercados, en las puertas de las iglesias, en las comunidades de vecinos

y en los lugares de estudio y de trabajo. ¿Y qué es lo que han visto?

Un deseo de cambio confuso pero muy extendido, y también mucho escepticismo –no sólo respecto

de la política–. A veces, una agresividad manifiesta y excesiva. Y, sobre todo, un mar de

necesidades y de soledad. Allí donde ha sido posible horadar el muro de los prejuicios y la

hostilidad, ¡cuánta humanidad herida y puesta a prueba por la vida ha salido a la luz!, ¡cuánta gente

que no esperaba otra cosa que alguien dispuesto a hablar con ella!

Así, estas elecciones se han convertido en la ocasión para escuchar, para darnos cuenta de

necesidades y dramas inimaginables, tal vez para tender una mano y ofrecer una ayuda. En ciertos

casos ha bastado con intercambiar los teléfonos para reavivar el deseo y la esperanza.

¿Qué ha hecho posible todo esto? No ha sido sin duda la astucia ni la dialéctica política. Hace

falta mucho más para romper la costra con la que muchos se cubren para defenderse de una realidad

que no les satisface. Ahora bien, frente a una necesidad tan profunda puede volver a nacer la

tentación de la utopía: el sueño de que la política –de cualquier color y tendencia– pueda ofrecer

una solución mágica que elimine el dolor, el mal y la injusticia, que libere al hombre y lo salve.

Sabemos bien, sin embargo, cuánto desilusiona depositar la esperanza en algo inconsistente como

las utopías, que la historia desmiente puntualmente. Por eso, nos hemos recordado: «No nos

esperemos un milagro, sino un camino». Por ello, hemos compartido con todos la única cosa real

que tenemos: una experiencia de novedad humana que es capaz de darnos plenitud y positividad en

cualquier circunstancia en que nos encontremos.

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Después de estas elecciones, cobran gran actualidad las palabras que don Giussani dirigió a un

joven que conoció en la Universidad Católica de Milán a finales de los sesenta, que consideraba que

la revolución era el único modo de incidir en la historia:

«Las fuerzas que mueven la historia son las mismas que hacen feliz al hombre. La fuerza que

construye la historia es un hombre que ha puesto su morada entre nosotros, Jesucristo. Caer en la

cuenta de ello impide nuestra distracción, reconocerlo introduce en nuestra vida un acento de

felicidad, aunque sea tímido y acompañado por una reticencia inevitable. Al ir profundizando en

estas cosas uno empieza a levantarse por la mañana y a sentir que su cuerpo tiene más consistencia,

a mirarse en el espejo y percibir que su rostro tiene más consistencia, a sentir que su "yo" tiene

más consistencia y su camino entre la gente también, comprende que no depende de las miradas de

los demás, sino que es libre, no depende de las reacciones de los demás, sino que es libre, no es

víctima de ninguna lógica de poder, sino libre».

Las elecciones nos han provocado a tomar una mayor conciencia de cuáles son «las fuerzas que

mueven la historia» y a ser menos ingenuos respecto del poder salvífico de la política. Sólo la fe

hace más humana la vida ahora: pone en marcha una vibración ante nuestra necesidad y la de los

demás, despierta una pasión por el destino de cada hombre que nos sale al encuentro, hasta abrir

una posibilidad de diálogo con personas indiferentes, decepcionadas o enfadadas.

¿Y ahora? No deseamos otra cosa, para nosotros y para todos, que la libertad para construir y

compartir nuestra experiencia con cualquiera, empezando por atender a quienes hemos conocido en

estos meses y a sus necesidades. ¿Será capaz la política –los que han ganado, pero también los que

han perdido– de reconocer esta novedad de vida presente y defenderla como un bien para todos?

Cuando nacimos, sólo le pedimos una cosa a los que entonces estaban en el poder: «Dejadnos

desnudos, pero no nos quitéis la libertad de educar». Hoy, como entonces, Comunión y Liberación

existe sólo para esto. ¿Pedimos demasiado?

Comunión y Liberación

AGENDAR: SIGUIENTE ENCUENTRO JULIO -  JUEVES  21 DE JULIO

los esperamos !
Jorge

Compañia de las Obras - Area Empresa
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